BIENVENIDOS

"Si hay en el mundo una historia acreditada, es la de los vampiros. No les hace falta nada: testimonios orales, certificados de personas notables, de cirujanos, de curas, de magistrados. La evidencia jurídica es de las más completas. Con todo, ¿quién cree en los vampiros? ¿seremos todos condenados por no haber creído en ellos?"

J.J. Rousseau


sábado, 24 de julio de 2010

Vampiros en la Edad Media y el Renacimiento

En el siglo XI se encuentra la primera mención oficial del vampirismo en Occidente, después de lo cual el tema tiene un desarrollo prodigioso.

Así, en el siglo XII, en Inglaterra se reconoce que estas criaturas son tan numerosas que hay que quemarlas para apaciguar el clamor popular.




En Hungría, la "condesa sangrienta", Elisabeth Bathory (1560 - 1614), habría mandado asesinar centenares de mujeres jóvenes para beber su sangre y bañarse en ella a fin de preservar su célebre belleza de los estragos del tiempo.


Vampiros en la antigüedad

- El panteón asirio posee varios demonios chupadores de sangre, entre ellos la maléfica Lilith.

- Los griegos hablan de las sombras de la casa de Hades, dios de los Infiernos.

- Y los romanos tienen a Lamia, la vampiro maligna que vampiriza a sus víctimas y devora los fetos.


El vampirismo, tan viejo como el mundo



El vampirismo se manifestó muy temprano en la historia, lo que no es sorprendente si se piensa en las poderosas virtudes atribuidas habitualmente a la sangre y el temor a la cólera de los difuntos, que se trata de apaciguar mediante ofrendas. Por otra parte, la perfecta conservación de algunos cadáveres contribuyó al desarrollo del mito.

viernes, 23 de julio de 2010

Origen de los vampiros



Esta leyenda de vampiros es de 125 A.C. originalmente estaba escrita en griego.
Las leyendas de vampiros se originaron de este a oeste en compañía de las caravanas a lo largo de la ruta de la seda por el Mediterráneo.
De allí se extendieron a Asia y luego a las tierras Eslavas y los Carpatos.
Los mitos estaban originalmente más estrechamente asociados con Irán, entonces emigraron alrededor del siglo VIII, a donde están ahora. Casi en cuanto llegaron, el proceso de cristianización empezó y las leyendas de vampiros sobrevivieron como mitos.
Más tarde los Gitanos emigraron desde norte hacia el oeste de la India (donde tienen varios mitos de vampiros ), ya allí sus mitos se mezclaron con los del pueblo Eslavo.
Los Gitanos llegaron a Transilvania brevemente antes de que Vlad Dracula naciera en 1431.
El vampiro aquí era el fantasma de una persona muerta, que en la mayoría de casos habían sido una bruja, mago etc.
Se tiene miedo a los vampiros, porque ellos matan personas pero al mismo tiempo se parecen a ellas. Pero hay ciertas cosas que los diferencian de un ser vivo, no puede proyectar ningún tipo de sombra ni se puede reflejar en ningún espejo. Además los vampiros pueden cambiar de forma, como por ejemplo la de un murciélago y eso lo hace sumamente difícil de capturar.
Al empezar un nuevo día los vampiros tienen que dormir en sus ataúdes por que los rayos del sol los matarían, pero por la noche despiertan sedientos de sangre.
La forma más común de nutrirse es volando por una ventana, en forma de murciélago y entonces morder a la víctima en el cuello y succionarle toda la sangre.
Los vampiros no pueden entrar a una casa sin ser invitados, pero en cuanto tienen el permiso, pueden entrar tan a menudo como ellos quieran.
El vampiro no es peligroso solo porque mata a las personas sino porque sus víctimas después de muertas se convierten en vampiros.
El lado mas fuerte de los vampiros es que son casi inmortales, sólo algunos ritos muy especiales poden matarlos tal como: poner una estaca en su corazón, cortar su cabeza o quemar su cuerpo.

Oscuro idilio


En ese suelo inmundo yacían los dos amantes.
Ella, maraña de cabellos castaños,
mueca de horror y dolor,
arrojo de juventud y desperdicio;
observaba aún a su amado.
Dos pequeñas cicatrices en su cuello de cisne,
prueba maldita de su oscura muerte,
delataban al infiel amor de ansiedad incontrolable.
Pálida y fría yacía ella,
hermosa como sol de medianoche,
¡qué destino tan cruel el de la doncella!
Morir en una noche sin luna.

Él, ejemplar de belleza inerte,
yacía al lado de su amada.
Asesinado por el hermoso firmamento,
incinerado por su frío calor.
Nada más que cenizas quedaban
de aquello que un día fue amor.

Bajo el oscuro cielo sin luna
él la buscó para obsequiarle la eternidad
mas su maldito instinto pudo más que la razón.
En ese frenesí de sensaciones,
enfrentamiento de poder y debilidad,
extrajo él hasta la última llovizna
de la savia de la difunta.

Aquellos ojos horrorizados lo observaban
sin ninguna emoción ahora.
Incrédulo y arrepentido,
se consumió por el sol estival.
Nada quedaba ya del vampiro,
cuyas cenizas se evaporaron.
Nada quedaba de ese gran amor
en este oscuro mundo humano.

La eternidad sería su consuelo,
una nueva oportunidad;
aquellas almas unidas ya no se separarán.
Se arrancó la vida aquel peregrino
para acompañarla en su viaje perpetuo,
protector nocturno y frío,
guardián de su eterno sueño de amor.

viernes, 18 de junio de 2010

Reminiscencias


La oscuridad es mi hábitat, la noche mi cómplice, las tinieblas son mi trono y el infierno mi destino.
¿Pero y qué si no existe infierno? Lo he pensado mucho y no he encontrado una respuesta, y la verdad es que ahora eso ya no importa. No, ya no importa.
Cuando eres un vampiro, todas las cosas que antes te importaban, dejan de ser relevantes. Eso es aceptable, pues no puedes comparar una criatura evidentemente superior con otra que apenas sabe actuar por instinto. Me refiero a los humanos, naturalmente. Esas absurdas estructuras de carne y hueso que andan sueltas por el mundo causando destrozos y eliminando lo poco que les queda para sobrevivir. Egoístas, inmaduros, hipócritas... ¿es que acaso merecen otros adjetivos más... amables? Rotundamente, no. Eso es lo que son.
Sí, es cierto, yo soy una asesina por ser lo que soy y hacer lo que hago. Soy irremediablemente cruel. Pero yo lo hago para sobrevivir. Pero, ¿cuántas veces nos hemos encontrado con humanos que cometen peores actos que los de mi especie sin una explicación aparente?
Todo se debe a su abyecta mentalidad, a su incapacidad para razonar correctamente y a su imposibilidad de no cometer errores. Nadie es perfecto, eso se sabe, pero no hay excusa que justifique el comportamiento de esos despreciables seres.
Cualquiera de mi especie sería incapaz de matar a un semejante. De arrebatarle la vida, o lo que sea que tengamos, por ninguna estúpida razón que se le cruce por la mente. Somos superiores, ya lo hemos demostrado. Canalizamos mejor nuestras ideas y pensamientos y extraemos de los humanos lo que nos es necesario para hacerlo. Ese delicioso néctar que corre por sus venas, indispensable para vivir esta pseudo-vida. Es la única cosa útil que poseen los humanos: la sangre. Esa regocijante ambrosía que, cuando fluye por nuestras gargantas, nos produce un éxtasis incomparable, nos introduce en un profundo frenesí de placenteras sensaciones...
No sabemos cuál fue nuestro origen, ni sabemos cuál será el fin. Lo único que podemos asegurar es que mientras existan estos abominables seres, nuestra existencia está garantizada. Somos dueños de la noche; y recuerden siempre que por cada palpitar de un corazón humano, habrá un alma condenada al infierno...

sábado, 20 de marzo de 2010

El vampiro - Charles Baudelaire


Tú que como una cuchillada
entraste en mi triste pecho,
tú que, fuerte cual un rebaño
de demonios, viniste, loca,
a hacer tu lecho y tu dominio
en mi espíritu humillado.
-Infame a quien estoy unido
como a su cadena el galeote,
comno al juego el jugador,
como a la botella el borracho
como al gusano la carroña,
-¡maldita seas, maldita!
Rogué al rápido puñal
que mi libertad conquistara
dile al pérfido veneno
que socorriese mi cobardía.
Mas ¡ay! puñal y veneno
despreciándome, me han dicho:
"No mereces que te arranquen
de esa maldita esclavitud,¡imbécil!
-si de su imperio
nuestro esfuerzo te librara,
tus besos resucitarían de tu vampiro ¡el cadáver!".

La metamorfosis del vampiro - Charles Baudelaire


La dama, entre tanto, de su labios de fresa
estremeciéndose como una serpiente entre brasas
y amasando sus senos sobre el duro corsé,
Decía estas palabras impregnadas de almizcle:
Son húmedos mis labios y la ciencia conozco
de perder en el fondo de un lecho la conciencia,
Seco todas las lágrimas en mis senos triunfales
y hago sonreír a los viejos con infantiles risas.
Soy para quien sepa contemplarme desvelada,
la luna, y soy el sol, el cielo y las estrellas.
Yo soy, mi amado sabio, tan docta en los deleites,
Cuando sofoco a un hombre en mis brazos temidos,
o cuando a los mordiscos abandono mi busto,
tímida y ligera y frágil y robusta,
Que en esos cobertores que de emoción se rinden,
Impotentes los ángeles se perdieran por mí.
Cuando hubo succionado de mis huesos la médula
y muy lánguidamente me volvía hacia ella
A fin de devolverle un beso, sólo vi
rebosante de pus, un cáliz pegajoso.
Yo cerré los dos ojos con helado terror
y cuando quise abrirlos a aquella claridad,
A mi lado, en lugar del fuerte maniquí
que parecía haber hecho provisión de mi sangre,
en confusión chocaban fragmentos de esqueleto,
De los cuales se alzaban chirridos,
como los de una agria e infernal veleta,
o los de un cartel, al cabo de un vástago de hierro,
que acaricia el viento en las noches de invierno.

¿Vampirismo?


Un vampiro es una criatura siniestra que se caracteriza por alimentarse de sangre para mantener su actividad. Pertenece al grupo de los no-muertos, es decir, de aquellos que no poseen una "vida", pero que aún se mueven y habitan entre nosotros.

Otros nombres con que se conocen a estas criaturas son:
- brucolaco (en castellano y griego, vrykolakas),
- kuei-jin o kyuuketsuki (吸血鬼) (en japonés),

- nosferatu (griego nosophoro (νοσοφορος), portador de enfermedad),

- strigoï o strigoiul (rumano moderno),
- upiór (polaco),
- upir (ruso antiguo),
- vampir (búgaro y serbio),
- vampyrus (latín),
- vrolok (eslovaco) y
- vurdalak (ruso moderno)

En Grecia se les denominaba tympaniaios o vrykolakas dependiendo de su origen.
En escritos ingleses medievales enlatín, el vampiro era denominado como "cadáver sanguisugus".



Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Vampiro

Historia de vampiros - Joan Manuel Serrat


Sus padres y hasta sus abuelos
fueron vampiros de prosapia
y tras su leve mordedura
sangre libaban a su anchas,
pero éste en cambio era un vampiro
que apenas si sorbía agua
al mediodía y en la cena
de noche y en las madrugadas.

Abstemio de sangre
era la vergüenza
de los otros vampirosy de las vampiresas.
Este vampiro tan distinto
osó crear una variante
proselitista de vampiros
anónimos y militantes
bajo la luna hizo campaña
con sus consignas implacables
"Vampiros sólo beban agua,
la sangre siempre trae sangre..."

Pero temieron sus colegas
que esa doctrina peligros
atentase a los vampiros flojos
que beben sangre con gaseosa.
Y así una noche de tormenta
cinco quirópteros de lidia
le propinaron al indócil
sus dentelladas de justicia.
El desafío del rebelde
quedó allá abajo en cuerpo y alma
con cinco heridas que gemían
formando un gran charco de agua.

Lo extraño fue que los verdugos
colgados de una vieja rama
a su pesar reconocieron
el buen sabor del agua mansa.
Desde esa noche ni vampiros
ni vampiresas chupan sangre,
los hematíes son historia
y el agua corre Dios mediante.
Y como siempre ocurre en estos
y en otros casos similares
el singular vampiro abstemio
es venerado como un mártir.

lunes, 1 de marzo de 2010

Crónica de un Rito Oscuro: La Otra Cara



Ella era una joven muy hermosa. Apenas había cumplido su mayoría de edad, pero poseía una penetrante mirada cargada de historias y experiencias que la hacían parecer mayor. Su resplandeciente cabello largo y dorado le caía como cascada sobre sus estrechos hombros.
Esa noche, llevaba un largo vestido holgado que resaltaba su figura. Sí, ella era sencillamente hermosa y esa noche yo la condenaría.
Hace mucho tiempo la observaba desde lejos. Nunca me acercaba a ella más de lo que cualquier otro mortal se acercaría a otro mortal.
Ella había hecho de mí -sin saberlo- un vampiro madrugador. Me levantaba de mi tumba apenas se ponía el sol y regresaba a mi hediondo escondite cuando renacientes haces de luz empezaban a rayar el firmamento antes del amanecer.
Supe que la convertiría desde el primer momento que la vi. Siempre la tenía presente en mis pensamientos. De cierta forma, su próxima incursión en mi vida me quitaba el sueño.
Esa noche la había seguido a escasos metros. Me había acercado más de lo que acostumbraba y la había acompañado silenciosamente hasta su casa. Ella, sin advertir mi presencia, subió a su dormitorio dispuesta a descansar.
Yo vestía de negro y me confundía con la oscura noche. Y ahí, trepado en un árbol la observaba con ansiedad por la ventana.
En un momento, y sin pensarlo demasiado, decidí entrar en la casa. Me acercaría a la joven, la tomaría entre mis brazos y le concedería el Don de la Vida Eterna. Sí, eso tendría que hacer.
Sigilosamente, sin hacer el más mínimo ruido me escabullí entre la maleza y avancé hacia su casa. Atravesé la puerta principal sin ningún problema e inmediatamente busqué su habitación. Arriba de las escaleras, ahí podía percibir su olor. Subí las escaleras despacio, lentamente. No tenía prisa alguna pues tenía la eternidad entera para disfrutar del momento que se aproximaba. Me detuve delante de la puerta de su dormitorio, coloqué mi pálida mano en la perilla y la giré muy despacio.
La encontré tendida en su cama, descansando. Era increíble la belleza que la envolvía. Sin saber qué hacer ni qué decir procedí a colocarme en el dintel de la puerta y me dispuse a esperar.
Después de un breve momento, vi cómo ella se aproximaba. Caminaba hacia mí y yo no podía hacer nada más que esperar. Por un momento ella vaciló y no pude evitar sonreír al observar la adorable expresión de su rostro. Ella también lo deseaba, lo supe en ese momento.
Ella se detuvo y yo, sin dudarlo más, tomé su bello rostro entre mis manos y fijé mi mirada en la de ella. Ella ni siquiera se estremeció al sentir la fría temperatura de mis manos, pero pude ver cómo la cautivaba mi mirada. Observaba embelesada la belleza de mi rostro. Sí, los vampiros somos criaturas hermosas ante los ojos humanos.
En ese instante, sin articular palabra alguna, le hice la invitación a mi víctima de la forma en que solo los de nuestra especie pueden hacerla. Ella lo supo y yo, a mi vez, supe también su respuesta, y sin decir nada me aproximé a su rostro y besé suavemente sus tentadores labios, presa del profundo amor que sentía por ella.
Cómo me hubiera gustado decirle cuánto había deseado ese momento, pero no lo hice. No podía arruinar nuestro momento.
La tomé entre mis brazos y sonreí antes de echar a correr a una velocidad a la que ningún humano podría acceder por sus propios medios. Durante todo el trayecto, ella había caído en un extraño estado de sopor del que salió cuando llegamos al lugar que yo elegí.
No podía sentir otra presencia en aquel lugar. Estábamos solos en ese sitio alejado y no habría ningún testigo que presenciara lo que estaba por suceder.
Le ayudé a ponerse de pie en el suelo. Me acerqué a ella en cuanto pude y otra vez esperé. Quería que fuera ella quien tomara la iniciativa. Pasó un momento que a mí me pareció casi eterno, hasta que por fin ella se acercó a mí. Colocó su cálida mano sobre mi nuca y dejé que acercara mis labios a su cuello. Se lo permití porque era lo que yo tanto había deseado desde hace mucho tiempo. Rodeé su débil figura con mis brazos. Ella era perfecta a pesar de ser humana. Representaba todo lo que yo había deseado a lo largo de mi vasta existencia. Deslicé mis labios por la piel de su cuello disfrutando cada momento, cada segundo en que percibía cuidadosamente su deliciosa fragancia. Arqueó su espalda hacia atrás y extendió su cuello entregándose completamente a mí. Incitándome a beber de ella sin perder más tiempo. Descubrí mis colmillos y los hundí en la frágil piel de su garganta. Me alimenté de ella, su sangre era simplemente exquisita.
Rápidamente, yo había caído en un éxtasis total, en un revoltijo de deliciosas sensaciones.
En medio de la frenética lucha interna en la que me encontraba, podía oír su corazón. Ese corazón joven y aún lleno de vida. Vida que yo le iba a arrebatar.
Mi cerebro se conectó con el de ella y por fin sentí que la conocía completamente. Solo entonces fui capaz de pronunciar las palabras que ella tanto había esperado.
"¿Quieres acompañarme por toda la eternidad?". Me oí decir, sin recibir respuesta alguna. Pensé que ella no me había escuchado así que volví a preguntar.
"¿Quieres acompañarme por toda la eternidad?". Al no recibir respuesta esta vez, le dije las palabras más sinceras que se me ocurrieron en ese desesperado momento.
"Demuéstrame que eres merecedora del Don Oscuro. Demuéstrame tu fortaleza y dame una respuesta audible". Nada. "¿Quieres acompañarme...?", comenzaba a preguntar, esta vez con menos esperanzas, pero ella me respondió con un débil "Sí..."
Entonces hinqué los colmillos en mi propia muñeca y le di a beber de mí.

domingo, 28 de febrero de 2010

Crónica de un Rito Oscuro

Se movía con demasiada elegancia y gracilidad. Un aura sombría y sobrenatural lo rodeaba de pies a cabeza. Era alto, de caderas angostas y hombros anchos. Su oscuro y espeso cabello despeinado adornaba graciosamente su cabeza y un tenue brillo lo iluminaba como rayos de sol agonizantes en el cielo crepuscular. Y ahí, parado en el dintel de la puerta, era la criatura más hermosa que mis débiles e inservibles ojos humanos hubieran visto antes.
Caminé lentamente hacia él tratando de distinguir mejor su esbelta figura. Me detuve delante de él y en ese momento lo supe: no era humano, por supuesto. Lo miré y él, a su vez, clavó su hipnótica mirada en mí, doblegando mi voluntad y una tétrica sonrisa se extendió por su rostro al sentir mi vacilación.
En ese momento tomó mi rostro entre sus frías manos.
No había pronunciado ni una sola palabra -estaba segura-, aún así escuché su seductora voz en mi cabeza haciéndome una invitación que ningún otro mortal en mi lugar hubiera podido rechazar.
No espero respuesta alguna y es que tampoco había alguna respuesta que dar, él lo haría con o sin mi consentimiento.
Acercó mi rostro al suyo y besó mis labios dulcemente, luego me tomó entre sus brazos y me dedicó una irónica sonrisa.
Entonces, vi la ciudad entera ante mis ojos. ¿Dónde estaba? ¿Había sido todo un sueño? Me embargó una inmensa angustia. Casas, carros, personas. Casas, carros, personas. Todo se movía a mi alrededor, ¿ o era yo quien se movía...? Vuelve amado mío, y transitemos juntos por el Sendero del Mal. Yo podría amarte eternamente si tú aceptaras mi insignificante compañía. Toma de mí lo que necesites. Si es que algo de mí te sirve, tómalo, es tuyo. Pero no me dejes, regresa...
Y entonces nos detuvimos, eso sí pude sentirlo. Me había conducido a un siniestro lugar alejado de la ciudad en sus cómodos brazos.
Me depositó en el suelo y se acercó de nuevo a mí sin asegurarse primero de si había alguien más en ese oscuro sitio apartado. No, no necesitaba hacerlo, no necesitaba asegurarse de nada más que de mi propia seguridad.
Y entonces fui yo quien lo acercó. Deposité mi mano en su nuca y acerqué sus labios a mi cuello. Él me rodeó con sus firmes brazos mientras deslizaba sus suaves labios por la piel de mi garganta impregnándola con la dulce fragancia de su frío aliento. Arqueé mi espalda hacia atrás y extendí mi cuello mientras él descubría sus colmillos. Hazlo. Si es que algo de mí te sirve, tómalo, es tuyo. Hincó sus colmillos en mi cuello y sentí cómo se abrían paso a través de mi piel buscando el líquido vital, su líquido vital.
En ese breve y prolongado momento él supo todo de mí y yo supe todo de él. En ese glorioso momento los dos fuimos una sola persona. Dos corazones, un solo latido. Un latido constante y desenfrenado que palpitaba en mis oídos. Lo escuchaba en mi cabeza. Un latido. ¿O acaso eran campanas? Sí, eso eran, campanas. Las campanas del infierno resonaban en mi interior. Entonces supe que moriría. ¿Campanas? Acércame a ellas, amor mío. Quiero ir contigo. Llévame contigo. No me importa si te diriges al mismísimo infierno: contigo será como estar en el paraíso. Sí, mi paraíso está donde tú te encuentres. ¡Llévame contigo!
La sangre fluía de mi cuello a borbotones, alimentándolo. Él no dejó de beber, no se detuvo ni por un solo segundo. Latidos. Campanas. Seguía escuchando ese potente ruido en mi cabeza.
"¿Quieres acompañarme por toda la eternidad?", preguntó. ¿Me lo dices a mí, a una simple humana? Claro que quiero acompañarte, es lo que más deseo. ¿Cómo te lo puedo decir?
"¿Quieres acompañarme por toda la eternidad?", volvió a preguntar. "Demuéstrame que eres merecedora del Don Oscuro. Demuéstrame tu fortaleza y dame una respuesta audible". Silencio. "¿Quieres acompañarme...?"
"Sí...", le interrumpí con el eco retumbante de mi silencioso pensamiento antes de adentrarme en un doloroso trance del que me liberé cuando sentí el delicioso néctar de mi nueva vida fluyendo a través de mi garganta y que provenía de su pálido cuello.
Desperté a mi nueva vida la noche siguiente. Qué hermoso era todo cuanto veía.
Abrí mis ojos después de un largo sueño y miré a mi alrededor. ¿Dónde estaba? No conocía ese lugar. El mundo entero se había convertido en un total y completo desconocido para mí.
Me levanté y, repentinamente, él apareció frente a mí. En ese momento lo recordé todo. Recordé todo cuanto había ocurrido la noche anterior.
No necesitábamos comunicarnos con palabras, simplemente nos miramos. Mantuvimos nuestras miradas fijas en la del otro durante un increíble momento que yo deseaba con todas mis fuerzas que fuese interminable.
Ahora, éramos iguales y yo estaría con él para siempre. Nada me lo impediría y yo viviría para amarlo. Si es que algo de mí te sirve, tómalo, es tuyo. Toma lo que quieras de mí, Padre Mío, amado mío...

domingo, 21 de febrero de 2010

El Don Oscuro

Bueno, todos los poseedores de este extraño don transitamos por la misma senda... la senda de la soledad y del abandono. Somos los desterrados, los proscritos, los abandonados. Pero toda acción tiene una consecuencia y una recompensa, nosotros también... o acaso no recuerdan el delicioso sabor de la sangre...?