BIENVENIDOS

"Si hay en el mundo una historia acreditada, es la de los vampiros. No les hace falta nada: testimonios orales, certificados de personas notables, de cirujanos, de curas, de magistrados. La evidencia jurídica es de las más completas. Con todo, ¿quién cree en los vampiros? ¿seremos todos condenados por no haber creído en ellos?"

J.J. Rousseau


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lunes, 26 de julio de 2010

Noche eterna

Bueno, aquí va otro relato:



Yo sabía perfectamente la clase de persona que era él.
Hace mucho tiempo que lo acechaba. Todas las noches de los dos últimos meses me levantaba de mi acogedor escondite con el único propósito de seguirlo a donde fuera y observar su comportamiento. Yo tenía mis razones, por supuesto, pero nada cambiaba el hecho de que me había involucrado demasiado en la vida de ese odioso ser.
La primera vez que lo vi nada en él me pareció sorprendente. Era tan agraciado como cualquier humano pero, a simple vista, no poseía nada fuera de lo común. Esta era mi apreciación de él hasta que decidí leer su mente.
Tenía un pensamiento bastante peculiar y confuso. Pensaba en todo y en nada a la vez. Echar un vistazo a su mente era como arriesgarse a enfrentar una estorbosa cacofonía de sonidos de todo tipo. Descubrí entonces que no era una persona sosegada y que, por el contrario, ocultaba muchas cosas importantes y quizá aterradoras. Cosas que yo ansiaba descifrar.
Me costó un poco de trabajo lograr mi objetivo de leer su mente con total claridad pero, finalmente, lo conseguí. En un principio solo podía captar sentimientos de ira, de melancolía y de soledad; pero a medida que el tiempo transcurría, conocía más de él.
Descubrí mucha información útil acerca de su vida. Era un malhechor, de esos que reciben el nombre de "estafadores" dentro de la actual sociedad humana. Llevaba un amplio historial delincuencial a cuestas y no tenía ni la más mínima consideración para con sus víctimas; estaba dispuesto a todo a cambio de conseguir lo que se proponía.
En definitiva, él hacía parte del grupo de humanos que a mí más me complacía tener como víctimas, o, al menos eso era lo que yo pensaba.
Mientras más lo conocía más me atraía y la sola idea de tenerlo entre mis brazos, con fines diferentes a los de mi propósito inicial, me obsesionaba cada vez con más fuerza.
Si bien era una persona malvada, las razones que lo orillaron a tener esa actitud eran mucho más poderosas de lo que él mismo pensaba. Las injusticias que había presenciado lo habían obligado a buscar una manera inconciente de purgar aquellos malos recuerdos.
Hasta hace un mes, la única razón que lo mantenía con vida era que su mente constituía un total misterio para mí, pero ahora era diferente. Su vida había adquirido un valor especial para mí y no estaba dispuesta a perderlo por sus debilidades humanas.
La decisión ya estaba tomada y, aunque era un ser sucio y despreciable, yo estaba conciente de lo mucho que lo amaba, e iba a arriesgar hasta mi propio juicio a cambio de que él me acompañara eternamente. Si aún así no lo aceptaba de buena manera, acabaría con él y haría hasta lo imposible por olvidarlo.
Así pues, bajo el oscuro firmamente de una fría noche de luna llena acudí en su búsqueda, como de costumbre, pero esta vez con un propósito determinado.
No fue difícil encontrarlo, estaba hospedado en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad desde hace una semana. Me introduje en su habitación a través de una ventana y esperé a que regresara de sus ocupaciones.
Me encontraba inmersa en mis propios pensamientos cuando escuché el sonido que hizo la puerta de la habitación al abrirse.
Ya estaba yo frente a él cuando encendió las luces. Como era de esperarse, mi presencia le supuso una enorme sorpresa que, gradualmente, se transformó en aceptación. Me acerqué rápidamente a él y lo tomé entre mis brazos, a pesar de sus vagos intentos por evitarlo. Acerqué su rostro al mío y lo besé apasionadamente. Dejó de resistirse a mi abrazo, aún ignorante de mi fuerza sobrehumana, y correspondió mi beso de una manera tan dulce que casi hizo que me olvide de mi verdadera intención.
A pesar de estar conciente de mi objetivo, le permití que llegara mucho más lejos.
Pues bien, fue él quien entonces me tomó entre sus brazos con tanta fuerza que estoy segura que a una humana cualquiera le habría dejado sin aliento.
Esa dulzura con la que me había besado hasta hace un momento, pronto se transformó en una pasión abrasadora que se incrementaba aún más conforme sus manos me acariciaban el rostro y la espalda, y sus labios recorrían mi cuello con premura en un acto irónico que casi me arranca una sonrisa de desaprobación. Le permití que me tendiera bruscamente sobre el piso, solo para hacer más efectivo mi ataque. Decidí que había llegado el momento de tomar su vida, por lo que me volteé para quedar encima de él y le sujeté las manos para evitar que se moviera demasiado, sin que él pudiera hacer nada al respecto. Con una de mis manos sostenía las suyas mientras que con la otra descubría su cuello.
Cuando por fin tuve su piel tersa y joven al descubierto, me percaté de lo hambrienta que estaba. En ese momento lo único que deseaba era poseerlo y concederle el don de una nueva vida. Descubrí mis colmillos, tratando de ignorar su mirada de pánico, y los hinqué apresuradamente en su cuello. Tuve que concentrarme demasiado en beber lentamente su sangre para no matarlo antes de tiempo. No fue una tarea fácil: su sangre era exquisita; pero supe controlarme después de que un suspiro de placer escapara de mi garganta. Mientras bebía de él, supe que se había percatado de mi existencia desde hace algún tiempo. Él sabía que había alguien que lo seguía y lo observaba donde quiera que estuviese. Esta era la razón de su entrega total hacia mí.
Los latidos de su corazón eran cada vez menos frecuentes, por lo que, de un momento a otro, me detuve y, ante su mirada atónita, hice una herida en mi propio cuello y me tendí sobre él para acercarla a sus labios.
Él bebió mi sangre con la misma ansiedad de un sediento en medio del desierto. Permití que bebiera de mí hasta que quedó satisfecho y yo, totalmente agotada.
Me incorporé del suelo muy despacio para contemplar mi maravillosa creación: él era sencillamente perfecto. Estaba completamente segura de que había creado un vampiro muy hermoso y fuerte, tal vez más fuerte que yo.
Él me miraba extasiado, como si aún no consiguiera asimilar lo ocurrido esa noche en su habitación. Gracias a su mirada entendí que yo le inspiraba un inmenso sentimiento de admiración y de amor.
Con un gesto le indiqué que era hora de abandonar ese lugar. No quería arriesgarme a que el amanecer nos alcanzara, junto con los inevitables rayos de sol, antes de guarecernos en un sitio seguro para ambos.
Lo conduje a mi escondite, una oscura cueva subterránea de difícil acceso ubicada lejos de la civilización humana, y le di a entender que necesitaba descansa, pues nuestra noche perpetua apenas había dado comienzo y desde ese momento estaríamos juntos para toda la eternidad.

viernes, 18 de junio de 2010

Reminiscencias


La oscuridad es mi hábitat, la noche mi cómplice, las tinieblas son mi trono y el infierno mi destino.
¿Pero y qué si no existe infierno? Lo he pensado mucho y no he encontrado una respuesta, y la verdad es que ahora eso ya no importa. No, ya no importa.
Cuando eres un vampiro, todas las cosas que antes te importaban, dejan de ser relevantes. Eso es aceptable, pues no puedes comparar una criatura evidentemente superior con otra que apenas sabe actuar por instinto. Me refiero a los humanos, naturalmente. Esas absurdas estructuras de carne y hueso que andan sueltas por el mundo causando destrozos y eliminando lo poco que les queda para sobrevivir. Egoístas, inmaduros, hipócritas... ¿es que acaso merecen otros adjetivos más... amables? Rotundamente, no. Eso es lo que son.
Sí, es cierto, yo soy una asesina por ser lo que soy y hacer lo que hago. Soy irremediablemente cruel. Pero yo lo hago para sobrevivir. Pero, ¿cuántas veces nos hemos encontrado con humanos que cometen peores actos que los de mi especie sin una explicación aparente?
Todo se debe a su abyecta mentalidad, a su incapacidad para razonar correctamente y a su imposibilidad de no cometer errores. Nadie es perfecto, eso se sabe, pero no hay excusa que justifique el comportamiento de esos despreciables seres.
Cualquiera de mi especie sería incapaz de matar a un semejante. De arrebatarle la vida, o lo que sea que tengamos, por ninguna estúpida razón que se le cruce por la mente. Somos superiores, ya lo hemos demostrado. Canalizamos mejor nuestras ideas y pensamientos y extraemos de los humanos lo que nos es necesario para hacerlo. Ese delicioso néctar que corre por sus venas, indispensable para vivir esta pseudo-vida. Es la única cosa útil que poseen los humanos: la sangre. Esa regocijante ambrosía que, cuando fluye por nuestras gargantas, nos produce un éxtasis incomparable, nos introduce en un profundo frenesí de placenteras sensaciones...
No sabemos cuál fue nuestro origen, ni sabemos cuál será el fin. Lo único que podemos asegurar es que mientras existan estos abominables seres, nuestra existencia está garantizada. Somos dueños de la noche; y recuerden siempre que por cada palpitar de un corazón humano, habrá un alma condenada al infierno...

lunes, 1 de marzo de 2010

Crónica de un Rito Oscuro: La Otra Cara



Ella era una joven muy hermosa. Apenas había cumplido su mayoría de edad, pero poseía una penetrante mirada cargada de historias y experiencias que la hacían parecer mayor. Su resplandeciente cabello largo y dorado le caía como cascada sobre sus estrechos hombros.
Esa noche, llevaba un largo vestido holgado que resaltaba su figura. Sí, ella era sencillamente hermosa y esa noche yo la condenaría.
Hace mucho tiempo la observaba desde lejos. Nunca me acercaba a ella más de lo que cualquier otro mortal se acercaría a otro mortal.
Ella había hecho de mí -sin saberlo- un vampiro madrugador. Me levantaba de mi tumba apenas se ponía el sol y regresaba a mi hediondo escondite cuando renacientes haces de luz empezaban a rayar el firmamento antes del amanecer.
Supe que la convertiría desde el primer momento que la vi. Siempre la tenía presente en mis pensamientos. De cierta forma, su próxima incursión en mi vida me quitaba el sueño.
Esa noche la había seguido a escasos metros. Me había acercado más de lo que acostumbraba y la había acompañado silenciosamente hasta su casa. Ella, sin advertir mi presencia, subió a su dormitorio dispuesta a descansar.
Yo vestía de negro y me confundía con la oscura noche. Y ahí, trepado en un árbol la observaba con ansiedad por la ventana.
En un momento, y sin pensarlo demasiado, decidí entrar en la casa. Me acercaría a la joven, la tomaría entre mis brazos y le concedería el Don de la Vida Eterna. Sí, eso tendría que hacer.
Sigilosamente, sin hacer el más mínimo ruido me escabullí entre la maleza y avancé hacia su casa. Atravesé la puerta principal sin ningún problema e inmediatamente busqué su habitación. Arriba de las escaleras, ahí podía percibir su olor. Subí las escaleras despacio, lentamente. No tenía prisa alguna pues tenía la eternidad entera para disfrutar del momento que se aproximaba. Me detuve delante de la puerta de su dormitorio, coloqué mi pálida mano en la perilla y la giré muy despacio.
La encontré tendida en su cama, descansando. Era increíble la belleza que la envolvía. Sin saber qué hacer ni qué decir procedí a colocarme en el dintel de la puerta y me dispuse a esperar.
Después de un breve momento, vi cómo ella se aproximaba. Caminaba hacia mí y yo no podía hacer nada más que esperar. Por un momento ella vaciló y no pude evitar sonreír al observar la adorable expresión de su rostro. Ella también lo deseaba, lo supe en ese momento.
Ella se detuvo y yo, sin dudarlo más, tomé su bello rostro entre mis manos y fijé mi mirada en la de ella. Ella ni siquiera se estremeció al sentir la fría temperatura de mis manos, pero pude ver cómo la cautivaba mi mirada. Observaba embelesada la belleza de mi rostro. Sí, los vampiros somos criaturas hermosas ante los ojos humanos.
En ese instante, sin articular palabra alguna, le hice la invitación a mi víctima de la forma en que solo los de nuestra especie pueden hacerla. Ella lo supo y yo, a mi vez, supe también su respuesta, y sin decir nada me aproximé a su rostro y besé suavemente sus tentadores labios, presa del profundo amor que sentía por ella.
Cómo me hubiera gustado decirle cuánto había deseado ese momento, pero no lo hice. No podía arruinar nuestro momento.
La tomé entre mis brazos y sonreí antes de echar a correr a una velocidad a la que ningún humano podría acceder por sus propios medios. Durante todo el trayecto, ella había caído en un extraño estado de sopor del que salió cuando llegamos al lugar que yo elegí.
No podía sentir otra presencia en aquel lugar. Estábamos solos en ese sitio alejado y no habría ningún testigo que presenciara lo que estaba por suceder.
Le ayudé a ponerse de pie en el suelo. Me acerqué a ella en cuanto pude y otra vez esperé. Quería que fuera ella quien tomara la iniciativa. Pasó un momento que a mí me pareció casi eterno, hasta que por fin ella se acercó a mí. Colocó su cálida mano sobre mi nuca y dejé que acercara mis labios a su cuello. Se lo permití porque era lo que yo tanto había deseado desde hace mucho tiempo. Rodeé su débil figura con mis brazos. Ella era perfecta a pesar de ser humana. Representaba todo lo que yo había deseado a lo largo de mi vasta existencia. Deslicé mis labios por la piel de su cuello disfrutando cada momento, cada segundo en que percibía cuidadosamente su deliciosa fragancia. Arqueó su espalda hacia atrás y extendió su cuello entregándose completamente a mí. Incitándome a beber de ella sin perder más tiempo. Descubrí mis colmillos y los hundí en la frágil piel de su garganta. Me alimenté de ella, su sangre era simplemente exquisita.
Rápidamente, yo había caído en un éxtasis total, en un revoltijo de deliciosas sensaciones.
En medio de la frenética lucha interna en la que me encontraba, podía oír su corazón. Ese corazón joven y aún lleno de vida. Vida que yo le iba a arrebatar.
Mi cerebro se conectó con el de ella y por fin sentí que la conocía completamente. Solo entonces fui capaz de pronunciar las palabras que ella tanto había esperado.
"¿Quieres acompañarme por toda la eternidad?". Me oí decir, sin recibir respuesta alguna. Pensé que ella no me había escuchado así que volví a preguntar.
"¿Quieres acompañarme por toda la eternidad?". Al no recibir respuesta esta vez, le dije las palabras más sinceras que se me ocurrieron en ese desesperado momento.
"Demuéstrame que eres merecedora del Don Oscuro. Demuéstrame tu fortaleza y dame una respuesta audible". Nada. "¿Quieres acompañarme...?", comenzaba a preguntar, esta vez con menos esperanzas, pero ella me respondió con un débil "Sí..."
Entonces hinqué los colmillos en mi propia muñeca y le di a beber de mí.

domingo, 28 de febrero de 2010

Crónica de un Rito Oscuro

Se movía con demasiada elegancia y gracilidad. Un aura sombría y sobrenatural lo rodeaba de pies a cabeza. Era alto, de caderas angostas y hombros anchos. Su oscuro y espeso cabello despeinado adornaba graciosamente su cabeza y un tenue brillo lo iluminaba como rayos de sol agonizantes en el cielo crepuscular. Y ahí, parado en el dintel de la puerta, era la criatura más hermosa que mis débiles e inservibles ojos humanos hubieran visto antes.
Caminé lentamente hacia él tratando de distinguir mejor su esbelta figura. Me detuve delante de él y en ese momento lo supe: no era humano, por supuesto. Lo miré y él, a su vez, clavó su hipnótica mirada en mí, doblegando mi voluntad y una tétrica sonrisa se extendió por su rostro al sentir mi vacilación.
En ese momento tomó mi rostro entre sus frías manos.
No había pronunciado ni una sola palabra -estaba segura-, aún así escuché su seductora voz en mi cabeza haciéndome una invitación que ningún otro mortal en mi lugar hubiera podido rechazar.
No espero respuesta alguna y es que tampoco había alguna respuesta que dar, él lo haría con o sin mi consentimiento.
Acercó mi rostro al suyo y besó mis labios dulcemente, luego me tomó entre sus brazos y me dedicó una irónica sonrisa.
Entonces, vi la ciudad entera ante mis ojos. ¿Dónde estaba? ¿Había sido todo un sueño? Me embargó una inmensa angustia. Casas, carros, personas. Casas, carros, personas. Todo se movía a mi alrededor, ¿ o era yo quien se movía...? Vuelve amado mío, y transitemos juntos por el Sendero del Mal. Yo podría amarte eternamente si tú aceptaras mi insignificante compañía. Toma de mí lo que necesites. Si es que algo de mí te sirve, tómalo, es tuyo. Pero no me dejes, regresa...
Y entonces nos detuvimos, eso sí pude sentirlo. Me había conducido a un siniestro lugar alejado de la ciudad en sus cómodos brazos.
Me depositó en el suelo y se acercó de nuevo a mí sin asegurarse primero de si había alguien más en ese oscuro sitio apartado. No, no necesitaba hacerlo, no necesitaba asegurarse de nada más que de mi propia seguridad.
Y entonces fui yo quien lo acercó. Deposité mi mano en su nuca y acerqué sus labios a mi cuello. Él me rodeó con sus firmes brazos mientras deslizaba sus suaves labios por la piel de mi garganta impregnándola con la dulce fragancia de su frío aliento. Arqueé mi espalda hacia atrás y extendí mi cuello mientras él descubría sus colmillos. Hazlo. Si es que algo de mí te sirve, tómalo, es tuyo. Hincó sus colmillos en mi cuello y sentí cómo se abrían paso a través de mi piel buscando el líquido vital, su líquido vital.
En ese breve y prolongado momento él supo todo de mí y yo supe todo de él. En ese glorioso momento los dos fuimos una sola persona. Dos corazones, un solo latido. Un latido constante y desenfrenado que palpitaba en mis oídos. Lo escuchaba en mi cabeza. Un latido. ¿O acaso eran campanas? Sí, eso eran, campanas. Las campanas del infierno resonaban en mi interior. Entonces supe que moriría. ¿Campanas? Acércame a ellas, amor mío. Quiero ir contigo. Llévame contigo. No me importa si te diriges al mismísimo infierno: contigo será como estar en el paraíso. Sí, mi paraíso está donde tú te encuentres. ¡Llévame contigo!
La sangre fluía de mi cuello a borbotones, alimentándolo. Él no dejó de beber, no se detuvo ni por un solo segundo. Latidos. Campanas. Seguía escuchando ese potente ruido en mi cabeza.
"¿Quieres acompañarme por toda la eternidad?", preguntó. ¿Me lo dices a mí, a una simple humana? Claro que quiero acompañarte, es lo que más deseo. ¿Cómo te lo puedo decir?
"¿Quieres acompañarme por toda la eternidad?", volvió a preguntar. "Demuéstrame que eres merecedora del Don Oscuro. Demuéstrame tu fortaleza y dame una respuesta audible". Silencio. "¿Quieres acompañarme...?"
"Sí...", le interrumpí con el eco retumbante de mi silencioso pensamiento antes de adentrarme en un doloroso trance del que me liberé cuando sentí el delicioso néctar de mi nueva vida fluyendo a través de mi garganta y que provenía de su pálido cuello.
Desperté a mi nueva vida la noche siguiente. Qué hermoso era todo cuanto veía.
Abrí mis ojos después de un largo sueño y miré a mi alrededor. ¿Dónde estaba? No conocía ese lugar. El mundo entero se había convertido en un total y completo desconocido para mí.
Me levanté y, repentinamente, él apareció frente a mí. En ese momento lo recordé todo. Recordé todo cuanto había ocurrido la noche anterior.
No necesitábamos comunicarnos con palabras, simplemente nos miramos. Mantuvimos nuestras miradas fijas en la del otro durante un increíble momento que yo deseaba con todas mis fuerzas que fuese interminable.
Ahora, éramos iguales y yo estaría con él para siempre. Nada me lo impediría y yo viviría para amarlo. Si es que algo de mí te sirve, tómalo, es tuyo. Toma lo que quieras de mí, Padre Mío, amado mío...