Así, en el siglo XII, en Inglaterra se reconoce que estas criaturas son tan numerosas que hay que quemarlas para apaciguar el clamor popular.
En Hungría, la "condesa sangrienta", Elisabeth Bathory (1560 - 1614), habría mandado asesinar centenares de mujeres jóvenes para beber su sangre y bañarse en ella a fin de preservar su célebre belleza de los estragos del tiempo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario