
La oscuridad es mi hábitat, la noche mi cómplice, las tinieblas son mi trono y el infierno mi destino.
¿Pero y qué si no existe infierno? Lo he pensado mucho y no he encontrado una respuesta, y la verdad es que ahora eso ya no importa. No, ya no importa.
Cuando eres un vampiro, todas las cosas que antes te importaban, dejan de ser relevantes. Eso es aceptable, pues no puedes comparar una criatura evidentemente superior con otra que apenas sabe actuar por instinto. Me refiero a los humanos, naturalmente. Esas absurdas estructuras de carne y hueso que andan sueltas por el mundo causando destrozos y eliminando lo poco que les queda para sobrevivir. Egoístas, inmaduros, hipócritas... ¿es que acaso merecen otros adjetivos más... amables? Rotundamente, no. Eso es lo que son.
Sí, es cierto, yo soy una asesina por ser lo que soy y hacer lo que hago. Soy irremediablemente cruel. Pero yo lo hago para sobrevivir. Pero, ¿cuántas veces nos hemos encontrado con humanos que cometen peores actos que los de mi especie sin una explicación aparente?
Todo se debe a su abyecta mentalidad, a su incapacidad para razonar correctamente y a su imposibilidad de no cometer errores. Nadie es perfecto, eso se sabe, pero no hay excusa que justifique el comportamiento de esos despreciables seres.
Cualquiera de mi especie sería incapaz de matar a un semejante. De arrebatarle la vida, o lo que sea que tengamos, por ninguna estúpida razón que se le cruce por la mente. Somos superiores, ya lo hemos demostrado. Canalizamos mejor nuestras ideas y pensamientos y extraemos de los humanos lo que nos es necesario para hacerlo. Ese delicioso néctar que corre por sus venas, indispensable para vivir esta pseudo-vida. Es la única cosa útil que poseen los humanos: la sangre. Esa regocijante ambrosía que, cuando fluye por nuestras gargantas, nos produce un éxtasis incomparable, nos introduce en un profundo frenesí de placenteras sensaciones...
No sabemos cuál fue nuestro origen, ni sabemos cuál será el fin. Lo único que podemos asegurar es que mientras existan estos abominables seres, nuestra existencia está garantizada. Somos dueños de la noche; y recuerden siempre que por cada palpitar de un corazón humano, habrá un alma condenada al infierno...
¿Pero y qué si no existe infierno? Lo he pensado mucho y no he encontrado una respuesta, y la verdad es que ahora eso ya no importa. No, ya no importa.
Cuando eres un vampiro, todas las cosas que antes te importaban, dejan de ser relevantes. Eso es aceptable, pues no puedes comparar una criatura evidentemente superior con otra que apenas sabe actuar por instinto. Me refiero a los humanos, naturalmente. Esas absurdas estructuras de carne y hueso que andan sueltas por el mundo causando destrozos y eliminando lo poco que les queda para sobrevivir. Egoístas, inmaduros, hipócritas... ¿es que acaso merecen otros adjetivos más... amables? Rotundamente, no. Eso es lo que son.
Sí, es cierto, yo soy una asesina por ser lo que soy y hacer lo que hago. Soy irremediablemente cruel. Pero yo lo hago para sobrevivir. Pero, ¿cuántas veces nos hemos encontrado con humanos que cometen peores actos que los de mi especie sin una explicación aparente?
Todo se debe a su abyecta mentalidad, a su incapacidad para razonar correctamente y a su imposibilidad de no cometer errores. Nadie es perfecto, eso se sabe, pero no hay excusa que justifique el comportamiento de esos despreciables seres.
Cualquiera de mi especie sería incapaz de matar a un semejante. De arrebatarle la vida, o lo que sea que tengamos, por ninguna estúpida razón que se le cruce por la mente. Somos superiores, ya lo hemos demostrado. Canalizamos mejor nuestras ideas y pensamientos y extraemos de los humanos lo que nos es necesario para hacerlo. Ese delicioso néctar que corre por sus venas, indispensable para vivir esta pseudo-vida. Es la única cosa útil que poseen los humanos: la sangre. Esa regocijante ambrosía que, cuando fluye por nuestras gargantas, nos produce un éxtasis incomparable, nos introduce en un profundo frenesí de placenteras sensaciones...
No sabemos cuál fue nuestro origen, ni sabemos cuál será el fin. Lo único que podemos asegurar es que mientras existan estos abominables seres, nuestra existencia está garantizada. Somos dueños de la noche; y recuerden siempre que por cada palpitar de un corazón humano, habrá un alma condenada al infierno...
No hay comentarios:
Publicar un comentario